F. G. Z.

Estaba harto de las bromas
de mis amigos sobre mi coronilla despoblada y no quería llevar peluca para cubrir mi zona
calva.
Un compañero de profesión,
calvo como yo y al que no veía desde hacía un año apareció en mi despacho luciendo una
mata de pelo envidiable y, como tenía confianza, le dije que vaya peluca que se había
colocado y que era perfecta. El me dijo que no era una peluca, que era su propio cabello.
Tuvimos una serie de bromas y al final quedé convencido, era su propio cabello.
Como ustedes
se podrán imaginar, no tardé en ir a la consulta que me había recomendado mi amigo y
aquí estoy, con mi coronilla cubierta. Ya no hay más broma sobre mi "calvita"
y eso me hace feliz.
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